Un recorrido de cinco minutos por lo que CadaMes contesta solo, lo que te deriva a vos, y cómo le enseñás la diferencia. Con ejemplos que podés probar acá mismo.
Una sola idea, y de ahí sale todo lo demás.
CadaMes nunca completa de memoria ni supone. Si le preguntan algo que no tiene cargado, no se lo inventa: te deja el caso a vos con el contexto armado, y le avisa a la persona que alguien de tu equipo lo va a ver.
Porque el riesgo de estas cosas no es que no contesten: es que contesten cualquiera. Un precio inventado o una promesa que no hacés te la vas a comer vos, no el sistema. Acá el silencio es una respuesta válida y la invención no.
Cada vez que te deriva algo, queda anotado de qué tema fue. Vos le enseñás qué hacer en ese caso —una frase— y la próxima lo resuelve sin molestarte. Cada semana te deriva menos.
Del otro lado puede haber tres personas distintas, y CadaMes las trata distinto. Es la única parte "técnica" del manual, y con entenderla alcanza.
Tu alumna, tu paciente, tu socio. Pregunta cuánto debe, manda el comprobante, quiere mover un turno. CadaMes le contesta con los datos reales de su cuenta.
Vio tu Instagram y pregunta qué hacés y cuánto sale. CadaMes le contesta con tu catálogo y lo puede dar de alta en el momento, sin que vos hagas nada.
Cuando el que necesita ayuda sos vos. Se llama Estela y vive adentro de la app, nunca por WhatsApp: para hablar de tu plata hay que estar seguro de que sos vos.
Tu gente no instala nada ni aprende nada. No hay app del socio, no hay portal, no hay usuario ni contraseña. Todo pasa por el WhatsApp que ya usan, incluso por audios.
Elegí un mensaje de los de la izquierda y mirá qué contesta —y, sobre todo, de dónde sacó la respuesta. Los ejemplos son de una estética; en tu rubro cambian las palabras, no cómo funciona.
Están todas en una sola pantalla: Lo que el asistente sabe. Con estas tres, CadaMes contesta casi todo solo.
Tus planes mensuales y tus servicios sueltos, con precio. Es de lo único que puede decir un número.
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Sin esto, ante un «¿cuánto sale?» te deriva la consulta más común que existe.
Dónde estás, cuándo abrís, cómo se llega, cómo se paga. Un párrafo escrito por vos.
Av. Colón 1234. Lunes a viernes de 9 a 20, sábados de 9 a 13. La entrada es por la calle lateral.
Sin esto, ante un «¿a qué hora abren?» no tiene con qué contestar.
Las preguntas difíciles: las que no se contestan con un precio. Empezás con tres, elegidas para tu rubro, y el resto se llena con lo que te pregunten de verdad.
«Si avisa con más de 24 horas, se reprograma sin costo. Sobre la hora, se pierde la seña.»
Sin esto, cada caso raro termina en tu teléfono.
No es una lista de buenas intenciones: está escrito en el sistema y hay pruebas automáticas que se ponen en rojo si alguna vez deja de cumplirse.
Dos formas, y las dos son escribir una frase. No hay que configurar nada ni saber nada técnico.
Entrás a «Lo que el asistente sabe» y contestás las tres preguntas de tu rubro. Si no sabés cómo escribirla, hay un borrador al lado que podés usar y editar — pero si no lo tocás, no se guarda: nunca vamos a hacer que prometas algo que no dijiste.
Cuando CadaMes te deriva algo y vos lo resolvés, te pregunta si eso es una regla de tu negocio. Si le decís que sí, la próxima lo resuelve solo. Nunca copia la respuesta que le diste a una persona: guarda la regla general, que la escribís o aprobás vos.
Arriba de esa pantalla vas a ver algo así: «En los últimos 30 días derivó 12 consultas. 7 fueron del mismo tema.» Contestás esa una y esas siete dejan de llegarte.
Podés tomar cualquier conversación cuando quieras y CadaMes se corre al instante. Todo lo que aprendió está en una pantalla y se apaga con un click. Nada entra sin que una persona lo haya escrito o aprobado.
Tu WhatsApp sigue siendo tuyo. Lo abrís en tu celular como siempre y ahí están todas las conversaciones: lo que te preguntaron y lo que CadaMes contestó. Podés escribir vos cuando quieras, sin entrar a ninguna pantalla.
Y si querés seguir vos una charla, se lo decís con un símbolo: un asterisco (*) al principio de tu mensaje. Desde ahí CadaMes se calla en esa conversación y contestás vos. Cuando volvés a escribir con el asterisco, se la devolvés. Ese es todo el mecanismo: uno la toma, el otro la sigue.
AnaHola! Me paso al plan de 3 veces por semana?
CadaMes¡Hola Ana! El de 3 veces sale $52.000 por mes. ¿Querés que lo deje anotado?
Vos, desde tu celular*Ana esperá, que el jueves cambiamos el horario. Te llamo y lo vemos.
AnaListo, quedamos así entonces. Gracias!
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Escribís normal y todo sigue igual: un «no hay apuro, quedate tranquila» al pasar no es tomar la conversación. Sólo el asterisco adelante mueve el interruptor. Y si te molesta ese símbolo, se cambia por otro.
En la ficha de cada persona hay un botón que hace exactamente lo mismo, para el que prefiere la pantalla. Son dos caminos al mismo interruptor, no dos cosas distintas. Y lo que escribís desde el celular queda guardado en esa ficha igual.
Porque escribir «tomo yo la conversación» le presenta a tu clienta a alguien que no existe, y le cuenta que hasta recién le hablaba un sistema. Un asterisco de más parece un resbalón del dedo. La conversación sigue siendo tuya, y se nota lo justo: nada.
Treinta días gratis, sin tarjeta. Cargás lo que vendés y ya contesta — y lo que todavía no sepa, te lo pasa a vos.
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